Restaurante Maito

Calle 50, Panamá

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La proteína de las proteínas

La primera vez que escuché las palabras “whey protein” fue más o menos hace cuatro años, cuando mi esposa Natasha iniciaba su proceso de dejar de comer carne. En aquella época vivíamos en Los Ángeles, California, la tierra del menú alternativo. La proteína whey venía en un tarro gigante de plástico, como los suplementos para musculosos, y quizás por eso no la veía formando parte del día a día de mi cocina. 


Las indicaciones de la etiqueta te invitaban a probarlo en batidos, sopas, pastelería, avena y en todo lo que se te antojara. Su sabor es neutro y es súper alimenticio, pero la idea de agregarle un polvo blanco a la comida de mis hijos no me gustaba mucho.


Así que después de un rato, nos olvidamos del tarro y no se habló más del tema. No fue hasta que Natasha comenzó a experimentar con el arte de hacer yogurt que volví a pensar en el “whey protein”.


Yo como yogurt todos los días: con cereal, con granola, o solo, con un poco de miel. El yogurt es desayuno, postre y medicina en mi vida, y en mi afán de conseguir el mejor, he probado todos los que existen en el mercado (cuando digo “todos”, estoy hablando en serio). 


El resultado conclusivo de mis investigaciones es que Fage Greek Yogurt es el que es. El problema es que es importado, no siempre está en las neveras de los supermercados y no es barato: un envase de 17 onzas cuesta alrededor de $7.00, casi el doble que un yogurt hecho en Panamá. Así que Natasha se puso a hacer yogurt en casa. Después de mucha experimentación, finalmente logró darle la textura perfecta, y ya no compramos en el supermercado desde hace un par de meses. 


En el proceso de hacerlo – específicamente en la etapa del colado, cuando pones el yogurt en un cheese cloth – queda sobrando una cantidad considerable de proteína whey líquida. Y cuando ves todo ese líquido frente a ti, comienzas a considerar varias maneras de no botarlo, no tiene sentido desperdiciar algo que es tan nutritivo y saludable.
La proteína whey es el suplemento de proteínas obtenido a base del aislado de suero de leche, y tiene un alto valor biológico. Mientras que los huevos o la leche tienen un valor biológico de proteína de 93, la proteína de whey marca 110, lo cual significa que su composición en aminoácidos es más completa y su absorción es mayor y más rápida.
Muy linda toda esa información, pero la proteína whey no entró en mi categoría de “cocina de casa” hasta que comenzamos a utilizarla como proponía la etiqueta del tarro de musculoso.


Empezamos a echársela a los pancakes, a las sopas, a los batidos y a las salsas, consiguiendo niveles épicos de textura y consistencia. Nuestros pancakes son los más esponjosos del área, y los batidos de guineo y papaya nos quedan increíblemente cremosos. Ahora, trata de imaginar todo el desecho de whey líquido que sobra en todas las fábricas de yogurt del país. Nadie lo comercializa. 


 ¿Será que estamos botando oro por la cañería? ¿O quizás todos los probióticos son más felices en el mar? Yo solo te puedo decir que en mi casa, donde hay fuertes tendencias vegetarianas y un culto al pancake, el whey líquido terminó siendo la proteína de las proteínas, así como Héctor Lavoe es el cantante de los cantantes.

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